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miércoles, 24 de junio de 2009

inicio de mi muerte

Era una tarde de otoño, el sol ya se había escondido y el viento soplaba frenéticamente; cuando escuche como alguien llamaba a la ventana del balcón de mi habitación.

Corrí a atender, pero al abrir, no me encontré con el abrazo que acostumbrabas darme, en su lugar una ráfaga de viento alboroto mis cabellos causándome escalofríos, decepcionada…di media vuelta para volver a la calidez de mi cama, pero con el rabillo del ojo alcance a ver un pequeño sobre rojo descansando sobre el asiento del balancín, me acerque con cautela y lo puse entre mis manos, estaba sellado,; como lo acostumbraban en el pasado, era un sello que yo conocía; una serpiente enroscada a una piedra.

Medite por unos escasos segundos, me detuve al bajar la vista y encontrarme con el mismo símbolo del sello colgando de mi cuello, un Sakti, el escudo de tu familia; me habías dicho, una serpiente enroscada que me obsequiaste aquella noche en la que te conocí, la cual significaba poder y sabiduría; y que seria símbolo de tu amor eterno hacia mi.

En ese momento supe que era una carta tuya y me apresure a abrirla.

Me senté en el balancín, tome el papel entre mis manos y la abrí, mis ojos se percataron de que era tu sangre la que hablaba y comenzaron a inundarse, dejando caer una cascada de agua salada.

Cuando me recupere, tome de nuevo la carta y comencé a leer.

Querida Alina:

Se que es poco el tiempo que he estado contigo, pero también se que tu y yo hemos esperado esto toda nuestra existencia. He tenido siglos para pensarlo y es tan grande el amor que te tengo…que deseo que jamás termine; es por eso que he decidido darte lo que me has pedido. Alexandre.

Mis ojos volvieron a derramar aquella agua salada, pero esta vez de alegría, toda la vida había esperado que llegara esa carta y ahora que la tenia… no sabia que hacer con aquello.

Mi mente era un desastre, todos los recuerdos de mi infancia y mi familia, pasaron como una ráfaga eléctrica por mi mente, haciéndome estremecer; me sentía mal por abandonar todo lo que con tanto esfuerzo había conseguido. Cuando regrese al mundo, me percate de que mis mejillas estaban húmedas, había estado llorando y eso me hacia dudar de mi decisión.

Aquello fue demasiado para mi, así que me refugie en mis cálidas sabanas de encaje negro y cerré los ojos, cayendo en un sueño profundo.

Mi alma se sumergió en las sombras, descendiendo por un túnel sin fin, caía y caía; mientras me invadía la imagen que toda mi vida temí. Una especie de flash me cegó y al recuperar la vista…ahí estaba yo en un rincón, meciéndome en una silla, sollozando con el rostro demacrado por la soledad, sabiéndome pérdida por esa sentencia eterna de la cual jamás podre escapar.

Me desperté sudando, con las mejillas empapadas; me gire para comprobar la hora; eran las 5 am, hora de levantarse e ir a la escuela.

Me levante de la cama, me desperece y me dirigí al cuarto de baño; tome una helada y larga ducha, hasta que alcance a oír a mi madre llamarme desde la planta baja. Me apresure a salir, tome unos pantalones entubados negros y una blusa roja escotada, me puse mis guantes de terciopelo y delinee mis ojos.

Cuando baje, mi madre ya me esperaba, tome mi abrigo e introduje un par de libros y por supuesto mi libro de “Vampiros de Morganville” a mi mochila. El trayecto a la escuela fue tedioso, no dejaba de pensar en el gran giro que daría mi vida en tan solo unos días.

Al salir del subterráneo sentí como una mirada se clavaba en mi pecho, lo ignore, y seguí con mi camino; no debí de haberlo hecho porque al virar la esquina unas fuertes y heladas manos me tomaron desprevenida ocultándome en las sombras, abrí la boca para gritar; pero este la cubrió, convirtiéndolo en un susurro. Comencé a forcejear pero era imposible liberarme, era tan… fuerte y frio, que por un momento pensé que era Alexandre, pero quien fuera que me retenía me tomo por los hombros y me giro.

No hable, solo lo observe; por supuesto que no era Alexandre, pero solo estaba segura de algo… era un vampiro. Al parecer era joven, su cuerpo pálido y fuerte se veía tan frágil como la porcelana.

Sus ojos rojo escarlata brillaron y me dedico una sonrisa, como si nos conociéramos de años, no supe que hacer, quede perpleja, no es que fuera mas hermoso que Alexandre, pero tenia algo que me hacia permanecer a su lado.

Sus ojos me incitaban a hablarle, pero no podía; no sabía quien era, ni que quería de mi; mi mente y mi instinto comenzaron a debatirse, hice caso omiso de sus advertencias y abrí la boca para hablar, pero lo único que salió fue un suspiro; indecisa mordí mi labio y pregunte.

-¿Quién eres? ¿Qué quieres de mí?

-Mi nombre es Gabriel- dijo sin apartar la mirada, volvió a abrir la boca, pero al instante un rayo de luz irrumpió en las sobras, cegándolo; me gire para ver que el sol estaba a punto de salir; cuando me volví me encontré con Gabriel retorciéndose de dolor en el suelo; rápidamente me despoje de mi abrigo y lo cubrí del sol.

-Ahora vete a un lugar seguro- le susurre al oído, mientras acariciaba su rostro tratando de calmar el dolor.

Le coloque bien el abrigo y le bese en la mejilla, el solo sonrió y desapareció antes de ser incinerado por el sol.

Yo solo me quede ahí recargada en la pared, viendo pasar a la muchedumbre, hasta que alguien se poso frente a mí y me llamo por mi nombre; reaccione al instante y mis ojos vieron a una chica morena de cabellos rizados, la cual me tomo de la mano y me arrastro con ella.

-¡Hey¡ muévete, llegaremos tarde a la escuela.- me dijo casi en un grito.

No luche, solo la seguí; me sentía extraña, el piso se sentía acolchonado y me daba la sensación de volar; desperté y hasta ese momento me di cuenta que esa chica era Kyra mi mejor amiga. Entramos a la escuela y nos reunimos con nuestros demás amigos, y a partir de ese momento el día fue aburrido y tedioso. Entrar a clase, poner atención, hacer tareas, bla, bla, bla... ¡Aburrido! por suerte era viernes y moría por llegar a casa y descansar.

Se escucho el timbre, lo cual significaba que eras ¡libre!... tome mi mochila y salí casi corriendo de ahí; subí al tren subterráneo y me dirigí a casa. Dormí casi todo el trayecto, al llegar fui directo a mi habitación, cerré la puerta de una patada y me tumbe en la cama.

Tenía la sensación de haber dormido minutos, pero estaba equivocada, ya había oscurecido y alguien llamaba a la ventana.

Me levante de un salto y la abrí, y espere que me abrazara y besara, pero nunca lo hizo; estaba demasiado obscuro afuera como para ver que sucedía; lo único que distinguían mis ojos era una silueta que se dirigía hacia mí; se acelero mi corazón y por un momento me sentí asustada, no era Alexandre, era Gabriel que llevaba mi abrigo entre sus manos.

Comencé a retroceder lentamente, luego mas rápido y de repente perdí el equilibrio y caí en mi cama; me obligue a levantarme lo más rápido posible, escuche una carcajada estrepitosa y me sentí estúpida; levante la vista y Gabriel se detuvo a los pies de mi cama y tomo asiento.

-¿De qué huyes?- pregunto todavía riéndose.

Le dedique una mirada acusadora y volvió a reír, eso me hizo acercarme a el y sentarme a su lado.

-¿Y tu como me encontraste?- le dije golpeándole.

-¡Hey!- me tumbo en la cama y comenzó a hacerme cosquillas, me retorcí de risa y me le eche enzima; me abrazo por la cintura juntando nuestros cuerpos, como queriendo fusionarlos, acerco su rostro al mío y estuve a punto de besarlo, pero la imagen de Alexandre se instalo en mi mente y me aleje de el.

-¿A que has venido?-dije mientras me levantaba de la cama.

No hizo nada, se quedo ahí recostado en la cama sonriéndome. Eso me hizo enfadar; me acerque al balcón y abrí la ventana.

-¡Fuera de aquí!- dije con ojos de rabia.

El solo me miro intrigado; se levanto lentamente de la cama y tomo mi abrigo. Se dirigió hacia mí, me miro y extendió el abrigo hacia mí.

-¿Qué fue lo que hice?-interrogo mientras tomaba mi abrigo de sus manos. No conteste.

-¿No responderás?-

-Tu no respondes ninguna de mis preguntas… ¿Por qué habría de hacerlo?-

Ignoro mi comentario y se fue hacia la ventana; titubeo unos momentos y se giro; su rostro era diferente; me dedico una mirada llena de deseo y mostro sus colmillos, provocándome escalofríos.

Camino hacia mi… intente cerrar la ventana, pero el ya estaba tras de mi; me tomo por la cintura y me giro. Trate de escapar de su abrazo, estuve a punto de lograrlo pero me tomo de la barbilla y me beso. Fue un beso cálido y feroz. Mordía mis labios delicadamente provocando desearlo más, y lo odiaba, pero no había forma de resistirse aquello.

Sentí una presencia familiar, pero no me importo, deseaba mas de el y comencé a desabotonar su camisa.

Mis labios se volvieron hielo al separarme de los de él; alce la vista y vi su rostro rígido y más pálido de lo normal; no sabia que sucedía, tal vez me había precipitado; pero me percate de que había alguien observándonos. Me gire y me encontré con Alexandre en el umbral.

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